jueves, 29 de septiembre de 2016

Nuevo hogar

Después de la mudanza, viene la calma. Y yo, como el gato, estoy empezando a buscar los que serán mis rincones en la nueva casa.


Él, a los pies de la puerta de la sala; yo, en el sillón que, por ahora, se encuentra justo al lado. Él, sobre el librero negro; yo, junto al librero beige. Él, frente a la ventana de la cocina; yo, también.


Los dos tomamos la siesta del medio día en el sofá gris; a veces juntos, a veces cada quien por su lado. Deambulamos de un cuarto a otro, cruzamos puertas y miradas, conversamos.

Desde que llegó a nuestras vidas, mi hija me lo dijo, que éste era uno de esos gatos místicos que poseen el don de la palabra. No se equivocó. El gato me habla, me llama, me platica. Y con su plática me acompaña a lo largo de estas primeras mañanas color azul celeste de la casa en la avenida del parque. Mañanas en las que todavía hay cajas por desempacar, objetos por acomodar, y rincones de los que apropiarse para ir haciendo de este sitio  nuestro nuevo hogar. 







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